Se instalaron en Hollywood, en Los Angeles. No en el Hollywood de las mansiones de artistas y estudios de cine, sino en el Hollywood de las tiendas baratas, souvenires hechos en China y tres playeras o camisetas por diez dólares. El Hollywood de los turistas de a pie. Pedro Dávila, el marido de 40 años, trabaja en la pizzería "Combo Pizza & Deli" limpiando la cocina y las mesas.
Como era costumbre, el domingo a la noche Cecilia Díaz de 32 años, la compañera de Pedro, lo llegó a buscar a la hora que terminaba su turno de trabajo. Ahí mismo en el restaurante, la pareja cumplió con el ritual dominguero de hablarle a los hijos en México. Llamada corta debido a los altos costos. Lágrimas de por medio, los padres habían prometido que en unas semanas visitarían a los tres hijos, Arely de 15, Diego de 14 y Guadalupe de 8.
Por razones que no quedan claras, la llamada se interrumpió abruptamente. No hubo tiempo de despedirse. Nada extraordinario quizá pensó la pareja. De seguro que se habían terminado los minutos de la tarjeta telefónica. Los hijos se quedaron esperando que en cualquier momento los padres llamarían de nuevo.
Pedro y Cecilia decidieron marcharse. Irse a casa. Caminarían las pocas cuadras que había del restaurante al pequeño apartamento en el que vivian, siempre en Hollywood. Terminaba un domingo más. Una semana más en Estados Unidos. Parecía que la pareja le había encontrado la vuelta a la vida. El mes pasado habían enviado $900 dólares para los gastos de los hijos.

Vivían su sueño americano en Hollywood.
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