El reciente asesinato del "safety" de los Redskins de Washington, Sean Taylor, ha sido un durísimo golpe para la NFL. Pero también pone al descubierto que no es la primera víctima de homicidio en el mundo deportivo estadounidense. Y da de qué pensar en cuanto a las circunstancias de esas muertes.

El 1 de enero de 2007, Darrent Williams, de los Broncos de Denver, fue alcanzado por balas disparadas desde un vehículo. Esto luego de salir de una fiesta junto con compañeros de equipo. Su asesino dejó a la franquicia desconsolada y a dos niños huérfanos.

Taylor Bradford jugaba para la Universidad de Memphis. Fue baleado mientras conducía en el campus universitario el 30 de septiembre de 2007. Se piensa que Bradford fue víctima intencional de su sicario.

Volviendo al caso de Sean Taylor, quien fuera un jugador estelar para los Hurricanes de la Universidad de Miami, éste recuerda otras dos muertes violentas de jugadores de esa institución. Se trata de Bryan Pata y Marlin Barnes.
Pata murió el 7 de noviembre de 2006 de un disparo en la cabeza. Al igual que Taylor, Pata se crió en Miami.
Barnes fue asesinado el 13 de abril de 1996 en su apartamento en el campus de la universidad. El convicto, Labrant Dennis, también mató a la compañera de Barnes. Dennis está sentenciado a ejecución en Florida.

La especulación siempre es peligrosa. Pero estos casos, y otros no mencionados, dan de qué pensar. Los medios dicen que Taylor pasó una juventud difícil. Incluso tuvo algunos altercados con la ley en años recientes. ¿Fueron estos jóvenes atletas víctimas del azar? ¿O fueron perseguidos, y atrapados de manera fulminante, por sus propias acciones, ya sean del pasado o del presente?
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